Runa.
El 17, en cambio, fue un desastre. No se dirigió con Javi más que el saludo y la despedida, aguantó como pudo las 6 horas de clase, con toda la gente señalándola al rededor, y lo peor de fue el recreo. Fue directa a hablar con Kely y Eli, las debía una explicación, sobretodo a Eli. Las contó la verdad. Kely la entendió, pero Eli, como era de esperar, no. ¿Cómo la podía haber hecho eso una de sus mejores amigas? Por primera vez en mucho tiempo, si no en toda su vida, llegar a casa fue un descanso. Como todas las noches, cojió sus cascos, se puso Rock a todo volumen, y echó a llorar. Era casi un ritual. Desde que Borja salió de su vida, lloraba hasta quedarse dormida. Daba igual que no encontrara motivos para hacerlo, lo que la torturaba, lo que la arrancaba el llanto, era que tampoco encontraba razones para no hacerlo. Y ese día menos.
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